11 enero 2009

Orgullo y vergüenza

Llevamos ya casi una década escuchando eso de que los pesos pesados están en crisis. Pese a que el boxeo es un deporte olvidado en nuestro país desde hace ya muchos años, nombres como Tyson, Holyfield, Foreman o Bowe, aún atraían la atención de los medios por sus actuaciones dentro y fuera del ring. El declive y retirada de esos grandes nombres dejó un vacio de popularidad en la categoría que aún hoy permanece. Sin embargo, y a pesar de que la división está lejos de su mejor momento, los mejores pesados continuan estando entre los deportistas mejor pagados del mundo y las bolsas de los púgiles de este peso superan con creces las del resto de boxeadores. Un combate de los pesados tiene un atractivo inherente, algo que atrae al público a poco interés que tenga el duelo. Por eso la categoría se mantiene contra viento y marea, porque la gente siempre se siente atraída por los grandes. Lo que no creo que pueda aguantar, son más esperpentos como el Valuev-Holyfield de hace unas cuantas semanas, que actualmente la Asociación Mundial está revisando.

El combate estaba maldito desde su nacimiento. Nikolai Valuev fue presentado en Zurich como campeón del Mundo de la Asociacion, título que perdió hace un año ante Ruslan Chagaev y que su legítimo dueño nunca ha perdido. Tras una sucesión de lesiones de Chagaev, la AMB decidió crear un segundo campeonato del mundo y declarar al uzbeco 'campeón en receso'. De hecho, cuando Chagaev suba al ring en febrero, lo hará como campeón del mundo. Y si el campeón no se merecía estar allí, el aspirante tampoco; Holyfield llegó a Zurich después de un año de inactividad y un último combate en el que firmó una pobre actuación siendo derrotado con claridad por Sultan Ibragimov. De esta forma, la Asociación Mundial puso en liza a un campeón que no lo era y a un aspirante semi-retirado. Las espadas en todo lo alto.

En éste pequeño drama el único rayo de honestidad lo puso Evander Holyfield. Muy lejos del boxeador que destrozó en tres asaltos a Buster Douglas en 1991, del púgil que disputó tres batallas legendarias con Riddick Bowe o del hombre que tumbó a Tyson en el Garden en 1996, el ex campeón subió al ring con aspecto de estar muy en forma y demostró un fondo físico impresionante (para un hombre de 46 años). Planteó un combate inteligente, dejando fuera de alcance al gigante Valuev y entrando a golpear lo justo para llevarse los asaltos, cosa que hizo. Holyfield tiró de oficio, de experiencia, y ganó de manera limpia y nítida un mínimo de siete asaltos.

Pero si la previa y el combate no habían sido suficientemente tristes y lamentables, llegó una inexplicable decisión mayoritaria a favor de Valuev que se había quedado inmóvil en el centro del ring como una estatua durante los doce asaltos. Toda la historia tiene un aire a drama de Hollywood: el veterano campeón vuelve al ring por problemas económicos y el poder establecido le arrebata su meritorio triunfo. Es hasta romántico. Para cualquiera que haya visto el combate parece indudable que el error de los jueces no fue inintencionado; lo que se vio en el ring no daba lugar a dudas o debates. Pero, claro, lo que mal empieza....

2 Comments:

Santi said...

Si señor Amado, me ha gustado mucho... no tenía ni puta idea de boxeo y de lo q había pasao pero le has dao emoción y todo... ;)

Bjr said...

A mí también me ha gustao. Lo reconozco, jejeje.

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